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Las familias, padres y/o parejas de los pacientes llegan muy confusos a la consulta. Emociones como la culpa, la rabia, la frustración, o la incomprensión, hacen que se generen resistencias en la terapia, por eso al principio de los tratamientos les informamos de unos aspectos básicos:

  • El paciente no ha elegido tener este problema, como tampoco nadie elige o desea tener una alergia. En ambas enfermedades, ésta sería la reacción del organismo ante determinadas circunstancias.
  • La resistencia tanto al cambio como a aceptar ayuda, son normales durante  las fases iniciales del problema; hay que tener en cuenta que la búsqueda de ayuda implica hacer frente a sus miedos. Es una situación análoga a la de acudir al médico para que te realice la cura de una herida, y te resistes a ir porque te da miedo que te duela.
  • La baja autoestima es el componente común al problema, ya que debajo de la preocupación por la comida, figura corporal, etc… subyace un pobre imagen de sí misma.

No existe una vía rápida de solución, es decir, los cambios bruscos y a corto plazo no suelen ser efectivos. Es esperable que la conducta alimentaria inadecuada persista en el tiempo, a pesar de que se hayan identificado y puesto en práctica los primeros pasos para su solución. Esperar una solución rápida del problema alimentario provoca desánimo, sensación de ineficacia y frustración; por lo tanto es de trascendental importancia, aceptar la necesidad de un tratamiento con resultados a medio y largo plazo.