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Esta semana ha surgido un debate sobre la detección de un caso de acoso escolar, a raiz de la carta encontrada por unos padres,  pasados unos meses del suicidio de su hijo Diego.

Desde mi punto de vista, uno de los obstáculos más influyentes a la hora de solucionar un problema de acoso escolar  es plantearse esta misma cuestión.

En el momento en el que un niño cambia su forma de comportarse, se muestra más irritable, apático, presenta alguna alteración en la alimentación y/o sueño o bien, se muestran más evidentes las quejas psicosomáticas (en estos momentos significa que la situación de maltrato está muy avanzada) …son señales suficientes para ponerse manos a la obra.

Cada persona interpreta una misma situación de una forma diferente, cada individuo es diferente, y, por lo tanto, puede ser susceptible de convertirse en víctima de una situación de acoso escolar cualquiera (no es cuestión de que sea el primero de la clase, que sea el repetidor o el que más amigos tiene…). Actualmente hay mucha información accesible sobre la definición de Acoso Escolar, o Bulling, las señales de alarma, las consecuencias y cómo actuar, pero, aun así, no está claro o no suele haber consenso entre familia y centros escolares a la hora de percibir una situación de este tipo (con excepción de los casos más evidentes: maltrato físico).

Dado que la mayor forma de maltrato es la verbal y psicológica entre los jóvenes (on line y off line), es importancia eliminar ciertos mitos a la hora de afrontar un problema de convivencia. El conflicto es inherente a la convivencia, por tanto, es algo de lo que se puede aprender y que se debe enseñar desde pequeños: resolver los conflictos de forma pacífica. Los mitos del tipo: “si te pegan, pégales tú más fuerte”, “eres un chivato o un cobarde”, “a todos nos han insultado” … permanecen presentes en las mentes infantiles e impiden el paso fundamental para el cambio: pedir ayuda.

La mayoría de los casos que he visto durante mis siete años de experiencia trabajando frente a líneas de ayuda de acoso escolar, no se trataban de una situación de acoso escolar como tal. Sin embargo, existe una barrera que, normalmente, impide avanzar en el motivo inicial y puede llegar a convertirse en una situación de acoso escolar a largo plazo: el hecho de no asumir que existe un problema que hay que solucionar. Hay un niño que lo está pasando mal porque está viviendo una situación de una determinada forma que no es funcional y le provoca malestar. Es indiferente en tal caso, preguntarnos si es acoso o no, los centros escolares han de actuar SIEMPRE (puesto que es el lugar donde mejor pueden intervenir). Es más, la mayor parte de casos de acoso escolar se iniciaron por problemas “cotidianos” de convivencia que pasaron desapercibidos o porque no se pusieron en marcha las medidas oportunas en su momento.

Padres y profesores son los últimos en enterarse de cualquier caso de este tipo, por ello, cuando hablamos de detección temprana estamos hablando de ocuparse de los mínimos indicios que nos hagan dudar del bienestar de los niños. Al hablar de “ocuparse” no se trata de alarmarse, se trata, en definitiva, de actuar, de buscar las medidas oportunas al respecto dando credibilidad a cada caso concreto, se trate de una situación de acoso escolar o no.

¿Qué opináis al respecto? ¿Reconocéis algunos signos, conductas o actitudes en algún conocido o familiar que puedan responder a un caso de acoso escolar?

Isabel Aboy Ferrer.

Psicóloga experta en acoso escolar